La encuesta global State of AI 2026 de McKinsey incluye un hallazgo que merece más atención de la que ha recibido: el 32% de las organizaciones consultadas dejó de comprar al menos un producto o funcionalidad de software porque concluyó que podía construirlo internamente usando herramientas de codificación agéntica.
El dato se vuelve más filoso al desagregarlo. Entre los llamados “high performers” —el 6% de los encuestados que atribuye al menos el 5% de su EBIT a la IA— la proporción sube a casi la mitad, frente al 31% del resto. Es decir: las empresas que efectivamente están extrayendo valor de la IA son las que más están construyendo en lugar de comprar.
Qué cambió realmente en la ecuación
Durante quince años el argumento a favor de comprar SaaS fue sólido y básicamente incontestable: construir software cuesta caro, tarda meses, requiere un equipo que hay que retener y deja una deuda de mantenimiento perpetua. Comprar convertía todo eso en una suscripción predecible.
Las herramientas de codificación agéntica atacaron una de esas cuatro variables —el costo y el tiempo de la construcción inicial— y con eso movieron el punto de equilibrio. Lo que antes era un proyecto de seis meses hoy puede ser uno de seis semanas, y eso vuelve racional construir cosas que antes no lo eran: integraciones específicas, flujos internos, herramientas de nicho que ningún proveedor iba a atender bien.
Dónde está la trampa que el mismo estudio revela
Conviene leer el dato junto al resto de la encuesta, porque ahí aparece el matiz. Según el mismo estudio, solo el 23% de las organizaciones está escalando activamente un sistema de IA agéntica en al menos una función de negocio, mientras que otro 39% apenas ha comenzado a experimentar. Las áreas donde más se reporta escalamiento son TI, gestión del conocimiento e ingeniería de software.
Ese contraste importa. Hay muchas más empresas decidiendo no comprar que empresas que efectivamente lograron poner en producción lo que construyeron. Y las herramientas agénticas abaratan la construcción inicial, no el resto del ciclo de vida:
- El costo de operación y monitoreo continuo, que no baja porque el código se haya escrito rápido.
- La seguridad y el cumplimiento, que siguen siendo trabajo humano especializado.
- La deuda de mantenimiento, que se acumula igual y ahora sobre código que quizá nadie del equipo escribió a mano.
- La dependencia de una persona o equipo que entienda qué se construyó.
El riesgo concreto es una generación de aplicaciones internas nacidas rápido y huérfanas a los dieciocho meses. Escribir el código dejó de ser el cuello de botella; sostenerlo en producción nunca lo dejó de ser.
La lectura para el mercado dominicano y latinoamericano
Para las empresas de la región el dato tiene una lectura favorable y una advertencia. La favorable: el software a medida dejó de ser un lujo reservado a compañías grandes. Una mediana empresa dominicana que necesita un flujo que ningún producto internacional contempla —porque responde a una norma local, a un proceso propio o a una integración con un sistema regional— hoy puede tener ese software por un costo que hace tres años no cerraba.
La advertencia: construir no es lo mismo que sostener. La decisión inteligente rara vez es “todo a medida” o “todo comprado”, sino comprar la infraestructura de commodity y construir lo que diferencia al negocio, con alguien responsable del ciclo de vida completo.
En TEKFENIX vivimos ambos lados de esa frontera, y por eso la señalamos sin adornos. Desarrollamos software empresarial a medida para lo que es específico de cada operación, y a la vez sostenemos productos SaaS verticales —Nexturno para gestión de turnos y colas, Servigo365 para mesa de ayuda y atención multicanal con IA, y CumplimientoControl para monitoreo de medios adversos y trazabilidad regulatoria— precisamente porque hay problemas donde reconstruir desde cero no tiene sentido: el cumplimiento AML cambia con la regulación, y mantenerlo al día es un trabajo continuo, no un proyecto que se entrega y se cierra. La pregunta útil no es si construir o comprar, sino quién va a estar respondiendo por ese sistema dentro de tres años.