El Home Office y HM Treasury publicaron el 15 de septiembre de 2026 la Estrategia de Prevención de Lavado de Activos y Recuperación de Activos 2026-2029 del Reino Unido, documento que esta semana ha dominado los resúmenes regulatorios del sector. Es un plan a tres años respaldado por 520 millones de libras provenientes del Economic Crime Levy, más 30 millones adicionales del paquete de high streets anunciado en el presupuesto de 2025, y más de 500 oficiales nuevos.
Tres pilares y un cambio de blanco
La estrategia se organiza alrededor de tres ejes declarados:
- Target (focalizar): concentrar tiempo y recursos en los criminales y actividades que causan más daño, en lugar de repartir esfuerzo de forma uniforme.
- Integrate (integrar): compartir información y coordinar mejor entre agencias para detectar actividad sospechosa antes y actuar en conjunto.
- Empower (habilitar): dotar al sistema de personal, formación, tecnología y facultades legales adecuadas.
El desplazamiento de fondo es de infractores individuales hacia redes ilícitas habilitadas por tecnología. Es un reconocimiento tácito de que el lavado contemporáneo se mueve en estructuras distribuidas, con identidades sintéticas, capas de intermediarios y velocidad de liquidación que un enfoque caso por caso no alcanza.
Las cifras que el gobierno pone sobre la mesa
Lo interesante del documento es que publica su propia línea base. En el año fiscal 2025/26 el Reino Unido registró:
- 3,158 disrupciones de finanzas ilícitas a nivel de sistema, un 15% más que en 2024/25.
- 4,085 condenas por lavado de activos, un 11% más que el año anterior.
- 345.3 millones de libras recuperadas, un 9% por encima de la mediana de seis años.
Publicar métricas de desempeño con año base es una decisión poco común en estrategias regulatorias, y tiene una consecuencia previsible: vuelve verificable el resultado. Los supervisores que miden así a su propio sistema tienden, tarde o temprano, a medir de la misma manera a las entidades que supervisan.
Lo que un sujeto obligado debería leer entre líneas
Ninguna entidad dominicana está sujeta al Home Office británico. Pero las estrategias nacionales de AML circulan: los estándares que un supervisor grande adopta terminan apareciendo en evaluaciones mutuas, en expectativas de bancos corresponsales y en las exigencias de contrapartes internacionales. Tres señales concretas:
- Enfoque de red, no de cliente aislado: los supervisores empezarán a preguntar si su monitoreo detecta patrones entre clientes relacionados, no solo alertas por cuenta.
- Tecnología como requisito, no como ventaja: cuando el regulador presupuesta tecnología para sí mismo, la asimetría con entidades que monitorean en hojas de cálculo se vuelve insostenible.
- Evidencia con fecha y hora: un sistema que mide disrupciones y plazos exige contrapartes que puedan documentar los suyos.
Del papel a la operación
La brecha habitual entre una estrategia nacional y una mesa de cumplimiento no es de intención, es de instrumentación. Detectar redes requiere cruzar señales que normalmente viven separadas: listas de sanciones, medios adversos, vínculos societarios, comportamiento transaccional y el historial de decisiones internas sobre cada cliente.
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