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Cambio de mando en la Superintendencia de Bancos: “supervisión basada en riesgos” e “innovación regulatoria” son ahora la agenda declaradaLeadership Change at the Dominican Banking Superintendency: “Risk-Based Supervision” and “Regulatory Innovation” Are Now the Stated Agenda

2026-09-02

El 1 de septiembre de 2026, el ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, juramentó a Enmanuel Cedeño Brea como nuevo superintendente de Bancos de la República Dominicana. La designación se hizo mediante el Decreto 606-26 del presidente Luis Abinader, en sustitución de Alejandro Fernández W., quien ocupó la posición durante seis años. Conforme a la Ley Monetaria y Financiera, el período es de dos años.

El perfil del nuevo superintendente no es el de un recién llegado: es abogado con especialización en economía y finanzas, con trayectoria en regulación financiera, supervisión prudencial, gestión de riesgos y cumplimiento normativo, y se desempeñaba como asesor principal y coordinador técnico de la propia Superintendencia. Ese detalle importa más que el cambio de nombre.

Continuidad no significa quietud

Tras juramentarse, Cedeño Brea manifestó su compromiso con la continuidad del plan estratégico de la Superintendencia y señaló tres ejes que piensa profundizar: madurez institucional, supervisión basada en riesgos e innovación regulatoria.

Un cambio de mando con perfil interno y agenda de continuidad suele leerse como “no pasa nada”. Es la lectura equivocada. Un supervisor que viene de adentro conoce los expedientes, sabe qué entidades vienen arrastrando observaciones y no necesita seis meses de curva de aprendizaje. La continuidad, en supervisión, suele significar más presión sostenida, no menos.

Qué significa operativamente “supervisión basada en riesgos”

Vale desarmar el término, porque se repite mucho y se entiende poco. La supervisión basada en riesgos sustituye la revisión uniforme por una asignación de atención proporcional al riesgo de cada entidad y de cada línea de negocio. En la práctica, eso traslada trabajo hacia el supervisado, y de una forma específica:

  • La entidad debe poder demostrar su propia evaluación de riesgos, no solo cumplir una lista de verificación.
  • Los controles tienen que estar documentados con evidencia de que funcionaron, no solo de que existen en un manual.
  • La trazabilidad deja de ser un archivo que se arma antes de la visita y pasa a ser un requisito continuo.
  • Los datos deben poder reconstruir decisiones pasadas: por qué se aceptó un cliente, por qué una alerta se cerró, quién lo aprobó y cuándo.

Este enfoque es además el que exige el estándar internacional. La Quinta Ronda de evaluaciones mutuas del GAFI ya no se conforma con verificar que exista la norma: pide estadísticas y evidencia de efectividad. República Dominicana ha presentado avances ante el GAFILAT en años recientes, y sostener esa posición depende menos de emitir regulación nueva que de que las entidades supervisadas puedan producir evidencia verificable cuando se les pide.

El punto ciego: la evidencia se produce todos los días, no en la semana previa

Aquí está el problema práctico que enfrenta buena parte del sector financiero dominicano. Muchas entidades tienen sus políticas de prevención de lavado de activos en orden sobre el papel y aun así sufren cada requerimiento de información, porque los datos viven dispersos entre el core, hojas de cálculo, correos y sistemas que no se hablan. Reconstruir un expediente completo se vuelve un proyecto manual de semanas.

La “innovación regulatoria” que menciona el nuevo superintendente apunta en dirección contraria a ese modelo. Un supervisor que moderniza sus propias herramientas pide información con mayor granularidad y frecuencia, no menor. Conviene ser realista: nadie sabe todavía qué instrumentos concretos traerá esta gestión ni en qué plazos, y sobreinterpretar un discurso de juramentación sería un error. Pero la dirección del estándar internacional es inequívoca y no depende de quién ocupe el cargo.

En TEKFENIX construimos CumplimientoControl justamente para ese escenario: monitoreo de medios adversos, gestión de alertas y trazabilidad regulatoria diseñada para que la evidencia se genere de forma continua y auditable, no para armar carpetas a última hora. La diferencia entre una entidad que responde un requerimiento en horas y otra que tarda semanas rara vez está en la calidad de sus políticas; está en si sus sistemas registraron el porqué de cada decisión en el momento en que se tomó.

On September 1, 2026, Minister of Finance and Economy Magín Díaz swore in Enmanuel Cedeño Brea as the new Superintendent of Banks of the Dominican Republic. The appointment was made through Decree 606-26 issued by President Luis Abinader, replacing Alejandro Fernández W., who held the position for six years. Under the Monetary and Financial Law, the term is two years.

The new superintendent’s profile is not that of a newcomer: he is a lawyer with specialization in economics and finance, with a track record in financial regulation, prudential supervision, risk management and regulatory compliance, and he was serving as senior advisor and technical coordinator of the Superintendency itself. That detail matters more than the change of name.

Continuity does not mean stillness

After being sworn in, Cedeño Brea expressed his commitment to continuity of the Superintendency’s strategic plan and pointed to three priorities he intends to deepen: institutional maturity, risk-based supervision and regulatory innovation.

A leadership change with an internal profile and a continuity agenda is often read as “nothing happens.” That is the wrong reading. A supervisor who comes from inside knows the files, knows which entities have been carrying findings, and does not need six months of learning curve. In supervision, continuity usually means more sustained pressure, not less.

What “risk-based supervision” means operationally

The term is worth unpacking, because it is repeated often and understood poorly. Risk-based supervision replaces uniform review with an allocation of attention proportional to the risk of each entity and each business line. In practice, that shifts work onto the supervised party, in a specific way:

  • The entity must be able to demonstrate its own risk assessment, not merely comply with a checklist.
  • Controls must be documented with evidence that they worked, not only that they exist in a manual.
  • Traceability stops being a file assembled before the on-site visit and becomes a continuous requirement.
  • Data must be able to reconstruct past decisions: why a client was accepted, why an alert was closed, who approved it and when.

This approach is also what the international standard demands. FATF’s Fifth Round of mutual evaluations is no longer satisfied with verifying that a rule exists: it asks for statistics and evidence of effectiveness. The Dominican Republic has presented progress before GAFILAT in recent years, and sustaining that position depends less on issuing new regulation than on whether supervised entities can produce verifiable evidence when asked.

The blind spot: evidence is produced every day, not the week before

Here lies the practical problem facing much of the Dominican financial sector. Many entities have their anti-money-laundering policies in order on paper and still suffer through every information request, because the data lives scattered across the core, spreadsheets, emails and systems that do not talk to each other. Reconstructing a complete file becomes a manual project of weeks.

The “regulatory innovation” the new superintendent mentions points in the opposite direction from that model. A supervisor that modernizes its own tools requests information with greater granularity and frequency, not less. A realistic caveat is in order: nobody yet knows which concrete instruments this administration will bring or on what timeline, and over-interpreting an inauguration speech would be a mistake. But the direction of the international standard is unambiguous and does not depend on who holds the office.

At TEKFENIX we built CumplimientoControl precisely for this scenario: adverse media monitoring, alert management and regulatory traceability designed so evidence is generated continuously and auditably, not so folders can be assembled at the last minute. The difference between an entity that answers a request in hours and one that takes weeks is rarely the quality of its policies; it is whether its systems recorded the reasoning behind each decision at the moment it was made.

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