El 8 de septiembre de 2026, durante el XII Congreso de la Asociación de Bancos de Ahorro y Crédito y Corporaciones de Crédito (Abancord), el superintendente de Bancos de la República Dominicana, Enmanuel Cedeño Brea, expuso la hoja de ruta con la que la institución busca cerrar las brechas que aún separan al sistema financiero dominicano de los estándares internacionales. El tema del congreso no fue casual: “Liderando la transformación del riesgo operacional: gobernanza e innovación en la era de la inteligencia artificial”.
Los tres pilares del plan
Cedeño Brea describió tres frentes de trabajo simultáneos:
- Pilar regulatorio. Avanzar hacia la adopción de los estándares del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, particularmente Basilea III, adaptándolos al contexto local en lugar de trasplantarlos tal cual.
- Pilar contable. La Ley Monetaria y Financiera obliga a la SB a mantener un manual de contabilidad conforme a estándares internacionales. El trabajo actual consiste en cerrar la distancia entre el marco contable local y las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF).
- Pilar de supervisión. El FMI y el Banco Mundial evalúan la solidez de los sistemas financieros mediante el Financial Sector Assessment Program (FSAP). La última evaluación de este tipo en República Dominicana ocurrió en 2012; la SB ha estado reforzando sus mecanismos de autoevaluación mientras se prepara para una nueva ronda.
Reconocimiento y deuda pendiente
El funcionario señaló que revisiones recientes del Fondo Monetario Internacional han reconocido la resiliencia del sistema financiero dominicano y su capacidad de absorción de pérdidas. Pero los mismos organismos internacionales insisten en que quedan brechas por cerrar frente a los estándares globales. Cedeño lo resumió con una metáfora local: no se puede aspirar a ser potencia en béisbol jugando con reglas de vitilla.
También vinculó el proceso con la aspiración del país de incorporarse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un camino que exige demostrar con evidencia —no con narrativa— los niveles de desarrollo alcanzados.
Por qué esto es un problema de datos antes que de capital
Aquí está la parte que suele quedar fuera de la conversación regulatoria. Basilea III no solo pide más capital: pide poder demostrar cómo se calculó ese capital. La convergencia a NIIF no solo cambia cómo se presenta un estado financiero: cambia qué información hay que capturar en el momento en que ocurre la operación. Y un FSAP no revisa políticas escritas, revisa evidencia.
En la práctica, para una entidad financiera dominicana esto significa:
- Trazabilidad de extremo a extremo: quién aprobó qué, cuándo, con qué información a la vista.
- Datos de riesgo operacional capturados de forma sistemática, no reconstruidos a mano cada trimestre.
- Capacidad de reproducir un cálculo o una decisión meses después, ante un supervisor que pregunta.
- Consistencia entre lo que dice el sistema core, lo que dice el manual de contabilidad y lo que dice el reporte regulatorio.
La mayoría de las entidades no falla por no tener las políticas. Falla porque la evidencia vive repartida entre hojas de cálculo, correos y sistemas que no se hablan entre sí. Cuando llega la evaluación, el costo no es el capital adicional: es el trabajo manual de reconstruir el rastro.
El calendario ya empezó
El marco de riesgo operacional que la SB ha venido trabajando contempla cargas de capital a partir de 2027. Eso deja una ventana corta para que las entidades ordenen sus procesos de captura de datos. Las que empiecen a instrumentar la trazabilidad ahora llegarán a la evaluación con evidencia; las que esperen llegarán con proyectos.
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